Tradicionalmente, las Navidades son una época del año donde aumentan las infecciones debido a la proliferación de virus, el frío, y el contacto con muchas personas diferentes. Este año es aún más importante tomar precauciones, ya que no utilizamos recurrentemente las mascarillas como sí lo hacíamos el año pasado. Además, prevenir las infecciones en los menores en los días navideños es fundamental para asegurar el bienestar de ellos y de toda la familia.
Para comenzar, la “vacunación correcta de los niños y los adultos cuidadores” es primordial para efectuar una prevención segura, explica el jefe de Servicio de Pediatría del Hospital Quirónsalud Sur, el Dr. Luis Sancho Pérez. Para evitar la transmisión, el especialista indica que el lavado de manos es "el factor más importante en la reducción de la transmisión de enfermedades infecciosas".
Asimismo, en este periodo del año es recomendable lavar a menudo los paños de cocina, las toallas e incluso los juguetes de uso común. En las guarderías o centros escolares deben “existir instalaciones adecuadas y rutinas o procedimientos claros sobre cómo y dónde se cambia a los niños e igualmente en relación con la preparación de sus alimentos” y no deben acudir, de forma temporal, los niños y adultos enfermos.
La última medida preventiva que deben llevar a cabo los responsables de los niños es la vigilancia y declaración inmediata de las enfermedades transmisibles susceptibles de aplicación de medidas preventivas como antibióticos o vacunas a los contactos y a las autoridades sanitarias.
Con la llegada del frío aumenta el número de niños que frecuentan los servicios de Urgencias. El doctor indica que debemos acudir de manera inmediata a nuestros centros hospitalarios o avisar al 112 si los menores presentan alguno de estos signos de alarma: “ausencia de respuesta a estímulos; excesiva irritabilidad o somnolencia; movimientos anormales sugestivos de convulsión; aspecto de la piel anormal, con palidez, aspecto moteado, coloración azul o grisácea; labios pálidos o azulados; dificultad respiratoria grave (se marcan las costillas, respiración muy rápida o pausas de más de 20 segundos en la respiración, con irritabilidad o somnolencia excesivas); atragantamiento con dificultad para respirar o vómitos o salivación anormal; aparición súbita de manchas en la piel con hinchazón de labios o párpados; herida profunda con sangrado abundante que no cede tras aplicar presión local durante 10 minutos; fractura abierta en la que se pueda ver el hueso; golpe en la cabeza con pérdida de conocimiento o de memoria”.
También es apropiado acudir al centro hospitalario, aunque con un carácter menos urgente, si el menor presenta fiebre a cualquier edad superior a 40,5 °C; lactante menor de 3 meses con fiebre de 38 °C o superior; dificultad respiratoria; menor de 1 mes de edad que rechaza las tomas; vómitos persistentes con dolor de cabeza intenso; manchas rojas en la piel que no desaparecen al estirar los bordes; vómitos persistentes a pesar de tomar suero por vía oral en pequeñas tomas frecuentes o diarrea abundante y frecuente durante más de 24 horas con ojos hundidos, lengua seca, llanto sin lágrimas y orina escasa; aparición súbita de manchas en la piel o hinchazón de labios o párpados; dolor abdominal intenso, progresivo y continuo; mareo persistente o pérdida de fuerza; herida profunda que precise sutura; traumatismo con deformidad de alguna zona corporal; ingesta de productos tóxicos, objetos (principalmente pilas) o sobredosificación de fármacos; expresión de pensamientos suicidas
No obstante, no es necesario acudir a los servicios de Urgencias en todos los casos, aunque el Dr. Luis Sancho sí que recomienda visitar la consulta del pediatra si el menor es: lactante entre 3 y 24 meses con más de 39 °C de fiebre sin signos de alarma; dolor de oído; dolor abdominal no muy intenso e inconstante; ojos rojos o con secreción y picor; vómitos o diarrea sin signos de alarma; fiebre mayor de 38 °C durante más de cinco días; tos y mocos sin dificultad respiratoria.
En cualquier caso, el especialista de Quirónsalud afirma que no es conveniente usar dos antitérmicos de forma simultánea o alternativa, puesto que “no hay pruebas de que alternarlos sea más eficaz para disminuir la temperatura o el malestar”. También en cualquier tesitura, es recomendable ofrecer líquidos con frecuencia para evitar la deshidratación provocada por el exceso de temperatura. Tampoco son aconsejables los medicamentos analgésicos o antitérmicos si el niño, pese a tener fiebre, tiene buen aspecto y juega, ni dejar de proporcionárselos al niño “para que se le vea con fiebre”, puesto que la valoración del profesional va a ser “más fácil y eficaz” si el paciente presenta menos fiebre y dolor.
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